jueves, 2 de abril de 2015

Malvinas: Un documento sobre los veteranos de Suipacha

02-04-15 Acto Oficial Malvinas00010En el Acto Oficial celebrado el 2 de abril en Suipacha, conmemorando un nuevo aniversario de la gesta de Malvinas, se iban a mostrar dos videos que por razones ténicas no se pudieron exhibir. Los jóvenes hijos de veteranos de guerra que los habían producido decidieron compartirlos a través de Satélite Suipacha para que todos los vecinos puedan acceder a verlos.


El primero se trataba de un trabajo de investigación y edición realizado por la joven Cynthia Bondaz, quien recopiló en un video con mapas satelitales e imágenes de archivo las posiciones de los veteranos de guerra. El otro video integra el fútbol y la pasión que ese deporte desata, con el patriotismo de los argentinos que defendieron las islas.


Además, compartimos al final el texto que leyó Agustín Schenone en el acto, una invitación a repensar la gesta de Malvinas desde una perspectiva mucho más profunda y en su contexto histórico.




Más que una Guerra

Abril es un tiempo de cambios. El verano se ha ido hace poco, y el ciclo perfecto del universo establece que las hojas de los árboles empiecen a perder sus hojas, preparándose para un invierno que podría ser muy duro. Todos estos cambios ambientales, imaginamos, no serán inadvertidos por los soldados aquí presentes, cuyos recuerdos caerán como las hojas provocando sentimientos encontrados que intuimos, no debe ser fácil de afrontar.

Muchas cosas se han hablado de Malvinas, pero esta vez, quisiéramos darle un respiro a sus cicatrices emocionales e ir un poco más allá en los razonamientos para ubicar a la Guerra en un contexto de 500 años de historia y 200 de usurpación británica.

En los últimos tiempos se ha esparcido un razonamiento que a nuestro gusto, es demasiado optimista: que la guerra de Malvinas fue, en definitiva, beneficiosa para ambos países. Para Gran Bretaña, porque consolidó en Margaret Thatcher a una líder sólida en tiempos socialmente tumultuosos, mientras que Argentina lograba deshacerse, de una vez por todas, de la dictadura más sangrienta su historia.

Sin embargo, creemos que no es así. La dictadura ya estaba cayendo inevitablemente, acorralada bajo el propio peso de sus crímenes y errores, y su caída definitiva no hubiese podido demorarse. Por otro lado, el triunfo inglés dio a la mandataria inglesa el aire necesario para fundar, en Europa y el mundo, las bases de un neoliberalismo atroz, que, paradójicamente, pegó uno de sus más fuertes coletazos aquí en la Argentina en los años 90.

Fue una guerra sin sentido, y valga la redundancia. Pero esa falta de sentido no implica que, una vez librados al fragor de la batalla, no debamos honrar a los soldados que dieron su vida, y su muerte, por la patria. Nuestro homenaje y agradecimiento a los soldados es inmenso, pero no tanto como su valentía.

Hoy, 33 años después del conflicto, debemos madurar una idea más compleja de todo lo relacionado con Malvinas.

Ya no basta con gritar que las Malvinas son argentinas por el azul del cielo y el blanco de las nubes. No es suficiente, debemos interiorizarnos en su historia, en su geografía, y sobre todo, en los avatares diplomáticos que se suceden. No podemos simplemente mirar y esperar que sea el otro el que haga algo.

Estamos convencidos de que el mejor homenaje que podemos hacerle a los soldados es dejar todo para recuperarlas, como lo hicieron ellos. Y dejar todo, en nuestro caso, es más trabajoso. Nuestras vidas no corren riesgo, pero por contrapartida, debemos vivir de una manera inteligente, honesta y activa.

Honrar y respetar nuestros símbolos patrios por su significado implícito es condición necesaria, pero no suficiente. Los argentinos tenemos la virtud de ser apasionados, de sentir los colores y querer defenderlos siempre. Pero a esa pasión hay que pasarla por un tamiz racional para diferenciar cuándo el camino es luchar, y cuándo es esperar y pensar. No debemos olvidar la volatilidad de las multitudes apasionadas que el dos de abril de 1982 festejaban la siempre ansiada recuperación de la Islas. Esas mismas multitudes se habían animado, tan sólo tres días antes, el 30 de marzo de 1982 a marchar en contra del gobierno de facto cuando una brutal represión estaba asegurada.

La pasión sin control es muy peligrosa ya que se corre el riesgo de ser manipulados por los poderes fácticos para fines ruines. ¿Cómo olvidarnos del “estamos ganando”, esgrimido por los medios de comunicación partícipes de la dictadura, que aún hoy siguen vigentes? La única defensa que tenemos es informarnos, tratar de estar lo más atentos posibles a lo que sucede, y sobre todo pensar. Y si, es terrible eso de tener que andar pensando y analizando cada cosa que nos dicen. Cualquiera preferiría una verdad absoluta e indignarse o alegrarse según la ocasión. Pero no, la realidad exige que nos manejemos con tanto cuidado como si estuviésemos en un campo minado de los tantos que, dicho sea de paso, aún quedan en las islas luego de la absurda guerra. Y es que, de nuevo, tanto en el terreno minado de las Islas como en terreno diplomático, los daños ocasionados por la guerra han sido irreversibles.

Pero, como mencionamos el año pasado en este mismo acto, la historia nos debe una revancha y recuperar las Islas en una tarea que debemos hacer entre todos.

Hay cuestiones que no podemos ignorar, y voy a dejárselas como inquietudes, para movilizarlos, para que se pregunten, para que piensen y actúen. La historia del Gaucho Rivero; el Informe Rattenbach; la excelente estrategia y destreza de la Fuerza Aérea, reconocida internacionalmente; las historias personales de los soldados, que son testimonio vivo; libros como “Los chicos de la Guerra” o “Los Peones de Malvinas”; la población pueblerina de menos de 3000 personas y estilo de vida tranquilo de los isleños británicos, y la base militar de la OTAN con alrededor de 1500 soldados; Omar Poltronieri, el soldado más condecorado de la historia reciente; la actitud altruista del General Benjamín Menéndez, gobernador de las Islas durante el conflicto, de desobedecer las órdenes de Bs As y rendirse, salvando así la vida de muchos de nuestros soldados que hoy en día se lo reconocen.

Estas son sólo algunas de las aristas de lo relativo a Malvinas. Como inquietud, quiero invitarlos a visitar el Museo de Malvinas, ubicado en la Ex ESMA, en la ciudad de Buenos Aires. Allí se ve a las Islas desde un enfoque interdisciplinario novedoso, utilizando todos los recursos posibles para interpretar una causa que no es de los gobiernos, ni de los militares, ni de los veteranos, si no ya de todo el pueblo argentino y latinoamericano.

Muchas Gracias. Hijos de soldados de Malvinas de Suipacha.



Malvinas: Un documento sobre los veteranos de Suipacha

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