domingo, 14 de abril de 2013

Florencia Goñi entregó las donaciones en La Plata

Finalmente, después de una semana de arduo trabajo, las donaciones que la gente acercó a la casa de Florencia Goñi llegaron a destino: Uno de los barrios más necesitados de La Plata. 
Un grupo de cerca de quince personas viajaron ayer a la ciudad de las diagonales con la finalidad de dejar las donaciones que la gente de Suipacha aportó para el segundo viaje de este grupo de vecinos que Florencia lidera.  
Centrados en los artículos de limpieza y aseo, lo más urgente ahora que las aguas bajaron y la gente está re ubicándose en lo que quedó de sus casas, esta semana se logró llenar cinco utilitarios con elementos de esta naturaleza, más otras donaciones entre las que hubo alimentos no perecederos, ropa de abrigo, juguetes y útiles escolares. 
Tres vehículos particulares, aportados por vecinos interesados en la causa, más una camioneta de COINCER y -como siempre- los Bomberos Voluntarios de Suipacha, llegaron hasta el barrio de Villa Elvira cuando promediaba la mañana y repartieron las donaciones hasta pasado el mediodía en diferentes casas de familia. Muchas de esas casas corresponden a familias a las que el grupo había conocido la semana pasada, cuando realizaron el primer viaje, y les llevaron cosas específicas que habían sido solicitadas. Así, llegaron a manos de quienes las habían pedido: una cuna, muletas, colchones, y otros pertrechos elementales. 
En el viaje anterior, además, el grupo había llegado a una escuela que funcionaba como Centro de Evacuados. En ese establecimiento, hoy ya desocupado, se siguen centrando las donaciones para ser repartidas por las asistentes sociales. 
La actitud de la gente a la que se asistió, sorprende. En medio de una situación en la que bien podría imperar el "sálvese quien pueda", ellos reciben agradecidos lo que se les da y renuncian a aquellas cosas que ya tienen, dejándole la oportunidad a otros. 
"¿Qué mas puedo pedir? -posteó Florencia en su perfil de Facebook a la vuelta- Traje abrazos, gracias y sonrisas de los que perdieron todo. Villa Elvira ya es parte de mi vida"

Panorama:
La inundación ha dejado desnuda la realidad que imperaba desde mucho antes de las primeras gotas en la zona que el grupo visitó: barrios de pobreza extrema en los que la gente se preparaba para pasar el invierno en  casillas construidas rudimentariamente con chapas viejas, plásticos y maderas de descarte. Muchos han perdido hasta eso, y ahora lo reconstruyen con lo que pueden. Un lugar en el que la marginalidad y la ignorancia han hecho estragos. Muchas de las personas que, según algunas autoridades, ya no necesitan ayuda, viven hoy con sus niños pequeños y bebés en espacios similares a la intemperie misma. 
A muchas de esas zonas todavía no ha llegado ninguna ayuda oficial. Sólo han recibido el aporte de los particulares. En otros sitios es de destacar la presencia de militantes de organizaciones sociales que colaboran en la limpieza de los barrios, levantando las toneladas de basura con las que las aguas dejaron bloqueados lo pequeños callejones barrosos del lugar. Estas agrupaciones llegan desde diversos puntos del país a aportar su ayuda. Mal pertrechados en muchos casos, pero con ganas de trabajar, suman un volumen enorme de mano de obra. 
El ejército también está presente. 
Se ven uniformados recorriendo en grupos las callejuelas. Su función es difícil de definir, pero está claro que indirectamente ayudan a -con su sola presencia- mantener la calma en una zona en la que justificadamente podría haber un estallido social en cualquier momento. 
Ahora, cuando las calles empiezan a secarse, se colman de funcionarios de desarrollo Social, que hacen relevamientos en la zona. Llama la atención que esto suceda, cuando el gobierno difunde cifras que se dan por definitivas desde hace varios días. 
Muchas de estas personas vivían de trabajos que realizaban -en negro en la mayoría de los casos- en casas o pymes de la zona céntrica. Inundados, y evacuados en la mayoría de los casos, no pudieron asistir durante estos días. Sus empleadores los despiden sin miramientos. Esa situación de desamparo es difícil de entender para quienes no la han experimentado en carne propia.
Las enfermedades, en tanto, permanecen a la orden del día, por lo que las asistentes sociales trabajan duro tratando de lograr que cada vecino complete su calendario de vacunación, que los que han resultado lastimados se apliquen la dosis correspondiente de antitetánica, o que los más pequeños reciban la cantidad necesaria de calorías y alimentos en general.
Algo queda claro al ver la situación actual de los barrios más carenciados de La Plata: La miseria que quedó a la vista con este drama es producto de algo mucho más terrible que cualquier inundación: La catástrofe lenta y metódica de la exclusión, la marginación de ciertos sectores, la falta de solidaridad, el uso canalla de las minorías, el aprovechamiento político de las masas desposeídas, y la indiferencia de la sociedad en general. Sólo si a partir de esta situación extrema se pudiera empezar a trabajar en serio desde todos los sectores para que esta realidad cambie podremos decir que aprendimos algo de esta experiencia que nos conmovió durante unos días al verla en TV, pero que corre el serio riesgo de pasar al olvido junto a tantas otras que nos han tocado en este país.










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